Sin lugar a dudas el cacao es un delicioso producto alimenticio pero también nos aporta grandes beneficios cosméticos.
La semilla del cacao contiene muchas vitaminas y proteínas que favorecen la regeneración de la piel. Está compuesto por lípidos, la manteca de cacao, glúcidos, proteínas, oligoelementos, minerales y vitaminas, principalmente la vit. A que favorece el desarrollo de los tejidos.
Es una gran fuente de flavonoides que regulan el desarrollo de los fluidos.
Tiene un efecto humectante para las pieles secas y dañadas y tonifica las pieles estresadas, como sin vida.
Compensa la descamación y sus fenoles desintoxican la piel aplicándolo en forma de mascarilla en cara y cuello, afina la capa córnea y elimina las células muertas.
Por otro lado la manteca de cacao obtenida por la presión de las semillas tostadas del cacao tiene propiedades emolientes que hidratan la piel, ayuda a prevenir la formación de cicatrices en caso de cortes o heridas. Regenera y reconstituye la piel mejorando su elasticidad y la flacidez.
Beneficia la formación del colágeno y es una gran antioxidante.
En los jabones aporta textura y dureza además de hidratación.
Me encanta utilizarla en los bálsamos labiales y para tratar zonas muy resecas como codos y talones. Además tiene una gran resistencia a la oxidación y a enranciarse.
Una sencilla mascarilla que podemos hacer consiste en deshacer al baño María una tableta de cacao puro y añadirle 2 cucharaditas del aceite que deseéis: oliva, almendras, rosa de mosqueta para las arrugas, o jojoba para las pieles grasas y cuando esté templado lo extendéis sobre el rostro, aprovechando para relajaros unos 20 minutos, aclarar con agua templada y aplicar la crema adecuada a vuestra piel.
Así que ya sabéis endulzaros con cacao y no olvidéis ponerlo en vuestra piel.



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