Es el fruto del rosal silvestre o rosa canina de cuyas semillas se extrae el magnífico aceite de rosa de mosqueta. La rosa canina tiene múltiples beneficios y aplicaciones para nuestro bienestar, se utilizan sus pétalos, hojas, raíces y frutos tanto su principio activo como energético.
En otoño se recolectan y después de lavarlos se dejan secar y una vez secos poner a macerar (oleato) directamente en un buen aceite de oliva, para después elaborar jabón o una deliciosa crema ideal para la piel seca y madura por su gran contenido en vitamina C y A, una gran variedad de antioxidantes, mantiene el colágeno y restaura la firmeza de la piel, es cicatrizante, regenera nuevas células por lo que es adecuado para cicatrices, acné y quemaduras. Aunque es astringente no reseca la piel muy al contrario mantiene la humedad y la hidratación.
Hay que utilizarlos con moderación en el embarazo y lactancia y también pueden producir alergias en personas muy sensibles.
En esta entrada me he centrado en sus propiedades cosméticas pero tiene muchas otras aplicaciones en uso interno tanto en infusión como en mermeladas.
Para realizar un buen oleato dejamos secar las bayas extendidas en un lugar oscuro y aireado durante dos meses hasta que las veamos arrugadas. Las partimos y quitamos la mayor cantidad de semillas posibles.
Después llenamos un bote hasta la mitad aproximadamente y rellenamos con un buen aceite de oliva, girasol o almendras dejándolo macerar durante cuarenta días en un lugar oscuro y aireado. Filtramos y envasamos en frasco de vidrio ámbar para protegerlo de la luz y evitar que se oxide.
Y ya podemos disfrutar de nuestro aceite.
Una pequeña advertencia al recolectar las bayas hacerlo con moderación y dañando lo menos posible la planta para proteger el ecosistema.


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