La granada se introduce en España por los árabes que la consideraban una fruta de gran importancia tanto como para ponerle nombre a una preciosa ciudad, Granada, y poner su imagen en el escudo.
La consideraban símbolo de fertilidad por su forma, sus múltiples granos y su jugo rojo como la sangre, símbolo de vida.
Hablaban de ella como un elixir de juventud.
Y que tiene de especial para la piel?
Pues que contiene una gran cantidad de taninos, aminoácidos, vitaminas (A, C, E) y minerales, lo que la convierte en una gran protectora contra los efectos del estrés oxidativo, su gran concentración de polifenoles y antocianinas (el pigmento de las frutas rojas) la convierten en un gran antioxidante.
Su extracto reafirma el tejido, recupera la flexibilidad y elasticidad natural de la piel.
Posee propiedades astringentes y disminuye el tamaño de los poros lo que la hace ideal para las pieles mixtas y grasas.
Posee propiedades astringentes y disminuye el tamaño de los poros lo que la hace ideal para las pieles mixtas y grasas.
Y de sus semillas se extrae un aceite muy apreciado para las pieles maduras.¿Se le puede pedir más?
Os dejo unas recetas caseras para aprovechar sus beneficios:
- Triturar los granos de una granada con una cucharada de miel y aplicarla por toda la cara a modo de mascarilla, la dejamos actuar veinte minutos en los que aprovecharemos para relajarnos y después la retiramos con un algodón con agua tibia, es ideal para todo tipo de pieles sobre todo sensibles.
- Otra opción sería triturar los granos con un yogur natural y aplicarla de la misma forma que la anterior.
- Y por último triturando los granos con media taza de té verde bien cargado, tendremos un tónico excelente para después de la limpieza facial.
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