Hola amigas, alguna vez os habéis preguntado que es el jabón? Pues en la entrada de hoy os voy a contar un poquito sobre el tema.
El producto que conocemos como jabón es el resultado de mezclar un álcali cáustico (lejía) con los ácidos del aceite o de otras grasas.
Cuando el álcali es disuelto en agua y añadido al ácido se produce una reacción química que se llama saponificación. Una vez que ocurre esto el álcali está listo para ser neutralizado y después de hacer reposar el jabón varias semanas (mínimo un mes) ya no está presente.
Por eso el jabón que se hace con hidróxido de sodio (sosa) y se miden correctamente los ingredientes, después de un mes no tiene sosa y su ph aunque bastante alcalino es adecuado para la piel ya que le añadimos un sobreengrasado que lo compensa.
La sosa procede de la sal común, para obtenerla se realiza un proceso de hidrólisis sobre la sal
generando un hidróxido de sodio y cloro.
El jabón, dada la composición de sus moléculas, limpia por que tiene la propiedad de emulsionar las grasas y los aceites. Es decir, de hacer que se disuelvan en agua las sustancias insolubles.
En nuestra piel la suciedad queda retenida en los tejidos por una delgada capa de grasa, que es la que elimina el jabón. Además reduce la tensión superficial del agua que con el jabón alcanza un grado de “humectabilidad” mayor que por sí sola.
Cuando el álcali es disuelto en agua y añadido al ácido se produce una reacción química que se llama saponificación. Una vez que ocurre esto el álcali está listo para ser neutralizado y después de hacer reposar el jabón varias semanas (mínimo un mes) ya no está presente.
Por eso el jabón que se hace con hidróxido de sodio (sosa) y se miden correctamente los ingredientes, después de un mes no tiene sosa y su ph aunque bastante alcalino es adecuado para la piel ya que le añadimos un sobreengrasado que lo compensa.
La sosa procede de la sal común, para obtenerla se realiza un proceso de hidrólisis sobre la sal
generando un hidróxido de sodio y cloro.
El jabón, dada la composición de sus moléculas, limpia por que tiene la propiedad de emulsionar las grasas y los aceites. Es decir, de hacer que se disuelvan en agua las sustancias insolubles.
En nuestra piel la suciedad queda retenida en los tejidos por una delgada capa de grasa, que es la que elimina el jabón. Además reduce la tensión superficial del agua que con el jabón alcanza un grado de “humectabilidad” mayor que por sí sola.
El jabón artesano es considerado producto cosmético por sus propiedades detergentes e hidratantes a través de la glicerina que se obtiene
durante la saponificación.
durante la saponificación.
Todos los jabones en los que en su elaboración se ha empleado un aceite vegetal y sosa, dan como resultado una sal detergente unida a una glicerina hidratante.
Desde muy antiguo se han utilizado grasas tanto animales como vegetales y lejía, obtenida de las cenizas, para elaborar jabón. Muchas conoceréis los famosos jabones de las abuelas que dejaban la ropa blanquísima, aunque las manos no tanto, debido a la gran cantidad de soso que utilizaban.
La glicerina es un subproducto del jabón. Fue en el siglo XVIII cuando se consiguió obtener glicerina a través de la reacción química al cocer aceite de oliva y óxido de plomo. Los jabones elaborados artesanalmente contienen una gran cantidad de glicerina, no así los fabricados de manera industrial a los que separan la glicerina para comercializarla a parte.
De ahí la diferencia de calidad e hidratación de los jabones artesanos.
Hoy en día es una buena manera de reutilizar el aceite usado de las frituras y utilizarlo como jabón de limpieza.
El arte de hacer jabón es complejo y exige ser muy riguroso con el proceso para evitar problemas en la elaboración y que puedan resultar perjudiciales para la piel.
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